El blog fantástico, mágico, musical que trae para usted los temas que quizá nunca pensó leer, pero que no le queda de otra porque es lo que hay.
Esos No son tipos complejos.
Los hay directos y sin rodeos, pero también existen los escurridizos, aquéllos que se esconden detrás de mil palabras.
Peor aún, están los que se fingen inexistentes y se pierden en el silencio; ésos, ésos son los más complejos porque nosotros también fingimos que no están aunque su presencia sea inequívoca.
No al fin y al cabo. Cortantes. Limitantes. Brutales para la esperanza.
Tiempo, dame tu sabiduría;
tu entendimiento del pasado
y la inexistencia del futuro.
Tiempo, enséñame sobre el hoy,
recuérdame que no te detienes;
camina y déjame adormecer el corazón con tus segundos.
Tiempo, avanza más a prisa,
consuélame con el olvido de la lejanía:
que esos momentos que pedía eternos,
de a poco se ahoguen en tus días.
Tiempo, regálame paz.
Me enamoré de una ola.
En su forma de agua pasiva,
mientras tocaba la orilla de la playa,
pude bañarme en su belleza
y perderme en su azul profundo.
Pero como ola que es,
el océano la llamaba para volver.
Y entonces se fue.
Quise esperarla. Prometió que volvería.
Me hundí mil veces en su recuerdo,
hice burbujas con suspiros
y sentí su humedad en mi piel;
hasta que al fin comprendí
que en su naturaleza está el vaivén.
¿Cómo abrazar el agua cuando se va de entre los brazos?
Los guachitos, pobrecitos. Tienen amigos inquietos que sueñan con poder caminar por el mundo y no depender del pie de su dueño. Todo lo planean en silencio y esperan con paciencia hechos bolita en el cajón hasta el día de lavado. Aguardan a ser ensuciados, sudados y pisoteados de nuevo sólo para llegar a ese momento en que se supone que todos caerán en la lavadora.
Ahí va el humano con su montoncito de tela de colores en los brazos y el calcetín aventurero se prepara.
— Uno... — se agazapa lentamente en el borde mientras el humano abre la lavadora.
–Dos... — voltea y se despide de su compañero, que resignado, se quedará llorando pelusas con la promesa de una vida de retiro entre los guachos.
—¡Tres! — la ropa va entrando en la máquina y el aventurero finalmente brinca. Cae al piso y espera inmóvil a que el humano no note su ausencia. Son momentos de tensión: una playera torpe se separa del grupo y termina a escasos centímetros de él; la ubicación que el calcetín cuidadosamente escogió para pasar inadvertido ahora es vital: el humano se agacha, toma la playera y, milagrosamente, no nota su llana presencia en el suelo.
Suspira aliviado.
Ciclo de lavado normal, detergente y el humano despistado vuelve a la casa. Calcetín lo tiene bien claro y su plan dice que debe esperar al menos cinco minutos tirado en el piso (no vaya a ser que el humano vuelva y lo vea queriendo huir).
Nadie vuelve.
Lentamente se levanta y echa un rápido vistazo aquí y allá. Nada. Nadie. Silencio. Él y sólo él.
Es ahora; ahora o nunca.
El calcetín corre con todas sus fuerzas a esconderse entre las sombras de los triques del patio a esperar la noche y, entonces, al fin ser libre.
"Piel de elefante".
Personalmente nunca pude seguir este consejo, siempre me dolieron las palabras, la indiferencia, las traiciones, el olvido...
Curioso fue el día que la piel de elefante llegó sola. Nunca la sentí, no la ví venir, no me di cuenta que crecía y cada vez se hacía más y más dura.
Hoy (bueno, tal vez desde ayer que estrené mi Cuaderno Rojo) me doy la oportunidad de encender la luz que parecía fundida para volver a ver: hola, mundo; es hora de iluminarlo todo con crayolas.
Este martes es el segundo día de la semana X, pero este martes de alguna forma se convirtió en Martes mientras el sol me coqueteaba con sus caricias cálidas. ¡No, no es adulterio! Sábado sabrá entender que Martes ganó mi corazón con sus sorpresas encantadoras.
Quizá a partir de hoy me vuelva poliamorosa y tenga más encuentros, no sólo con Martes, sino con Lunes o Jueves.
Hermano caníval,
te despides de mí.
Maldita humanidad.
Anoche Gaudí y yo nos encontramos junto al mar. En un sueño extraño, él se apareció con la forma de una inusual y mágica estructura.
Bien sé que no era una casa de su autoría sino de mis curiosas neuronas, que respondiendo a mi deseo por tierras catalanas, decidieron cumplir mis caprichos regalándome una bella ilusión: paredes que recuerdan las peculiares formas de las rocas perforadas por el agua, ventanas multicolores que llenan de luz el ambiente, curvas, curvas y más curvas que asemejaban el olear del mar que nos rodeaba.
Entre el agua, la arena, un muelle envejecido y ese cielo anaranjado que despedía el día, desperté con el sol en mi cara y Fabián a mi lado; pero aquella noche fue de Gaudí y mía, juntos compartimos ese mundo onírico del que surgen las más maravillosas ideas, ésas que gritan fuerte para brincar a este mundo, ya sea con forma de edificio o de letras.
Buenos largos días, mejores infinitas noches para todos.
¿En qué momento un celular empezó a funcionar para todo, excepto hablar?
Mi nuevo celular (modernísimo: Android y toda la cosa) es taaaaaaaan moderno, pero taaaaaaaaaaaaaaaaaaaan moderno que tiene seis pantallitas para que ponga miles de aplicaciones "al alcance de mi mano", la pantalla touch screen se gira y deja al descubierto un tecladote para escribir más rápido y más fácil en mi feis... y bueno, otro sin número de cosas que no tengo la más mínima idea de para qué sirven.
Yo lo que quiero es poder hablar y mi celular MODERNÍSIMO ya lo tuve que llevar tres veces a Telcel para que lo arreglen, donde me encontré con colas infernales de gente con celulares, igual de modernisimísimos, pero cero funcionales. Y mientras esperaba a que me cambiaran el equipo me topé con un cartel de Nokia que me dejó una semillita sembrada en la cabeza:
No es tecnología. Es para lo que la usas.
Sí, yo quiero comunicarme. Esperemos que ahora funcione bien.
Está bien, lo acepto, soy una nostálgica sin remedio.
Me gusta pensar en el ayer; escuchar y recordar con esas canciones que me conmueven hasta lo más profundo y de entre una ráfaga de memorias surge una sonrisa. Sí, me gusta pensar en el pasado y volver a ver a esa gente que un día desapareció de mi existencia para convertirse en una foto en el Facebook o en una imagen blureada entre mis neuronas. Sí, me gusta pensar en la vida anterior a ésta.
Cincuentera, sesentera, setentera, ochentera, noventera y casi de cualquier otra década, excepto la que acaba de pasar.
Cielo borgoña,
el Sol huye herido.
La Luna sonríe.
Un rayito de luz se escabulló entre tanta oscuridad y se fue a posar en su ojo; inevitablemente la sorprendió. No estaba dormida, es sólo que ya estaba acostumbrada a ese negro constante todo el tiempo y no esperaba que el final volviera así de improviso.
Su primer recuerdo de la infancia era en aquella desierta soledad, jamás podría olvidar el día en el que el blanco brillante le había negado un último vistazo de su mamá y papá. Entre los gritos y el miedo, ni siquiera pudo darse cuenta del momento en el que soltó la mano de su madre, ella sólo corrió hasta encontrarse sin salida, agazapada en una esquina. De pronto, la oscuridad regresó y nunca más se fue.
Pasó el tiempo: un mes… ¿o tal vez diez años? Quién sabe, quizá sólo había sido un día. No importaba mucho, porque a donde girara no había nadie con quien hablar ni nada con qué jugar; se la pasaba en su infinito silencio comiendo las pequeñas partículas de polvo que aparecían alrededor. Así todo el tiempo, cada hora de cada día hasta aquel momento en el que apareció ese rayito de luz que en un parpadeo se convirtió en una cascada blanca que se llevó todo a su paso.
- ¡Y quiero que limpies bien bajo tu cama!
- Sí, mamá… ya te oí.
La inspiración se quebró.
La cosí con el hilo negro que encontré y la remate con cinta invisible.
La inspiración se quebró.
Me quedó un rompecabezas endeble y sensible a mi humor.
Salgo de casa a cumplir mi rutina de todos los días. Saludo con una sonrisa a los que están en la oficina, ellos me saludan a mí e intercambiamos palabras vanas, sueños extraños y hasta nuestro desayuno. La computadora me espera frente a mí, estaremos juntas unas nueve horas más por ese día.
Ya de noche, el tráfico de las calles me hace gritar un par de maldiciones y Salvador Camarena me hace pensar en el dilema del día (¿será realmente grave el no dejar pasar a una patrulla que tiene la sirena prendida?). Llego a casa, tres colitas se mueven como rehiletes; corremos, brincamos y yo les doy trocitos de salchicha. Nada nuevo, en cama estamos los cuatro y mi cereal. En la tele están pasando una película que han trasmitido unas cinco veces y que yo he ido viendo por partes durante las cinco diferentes ocasiones.
Me quedo dormida.
A la mitad de la madrugada quiero ir al baño. Me levanto somnolienta y cuando regreso me acomodo en las cobijas. Patito, múevete. Ah, no. Es Ovidio o Trigo o Capellina.
Entre su ardiente tierra y su cálida gente me movía en un ligero deslizar de ensueño. Y ahí estaba ella de pie mirando al horizonte y yo buscando un panorama más vertical desde sus tobillos hasta su cintura, siguiendo el camino de su cuello hasta el infinito índigo de la bóveda que nos cubría. Su piel levemente morena, como apenas tostada por el sol y sus ojos rasgados como pincelada de una verde acuarela me llamaban hacia ella.
Inerte se mantenía mirando un horizonte de planos fundidos donde el mar y las nubes formaban una masa que flotaba a lo lejos. Y al acercarme para tocarla, ella parecía desvanecerse en aquel atardecer; sus pies se transformaban en arena y su pelo se mezclaba con la cada vez más inminente oscuridad del cielo.
Así es Brasil; indomable, inalcanzable y apasionante Brasil.
Por lo mientras, me conformo con saber que esta noche tengo una cita para volverte a ver, así por lo menos hasta que al fin llegue nuestro momento de encontrarnos.
Sé que tiene ya 4 años que no nos veíamos, el tiempo se había interpuesto entre nosotros y yo había sanado ya tu ausencia; ahora que te decides a volver, anunciando tu llegada con bombo y platillos, me doy cuenta que no te extrañé nunca; aun así fui a darte la bienvenida, a sabiendas que el destino me decía a gritos que no debía llegar a verte (¡y vaya forma de gritarlo!).
Ahí estuve, tratando de entenderte, de animarte, de consolarte en tus fallas. Pero seamos sinceros: no es de corazón. Me he visto presionada por todos y por todo, porque a donde quiera que vaya veo tu nombre, tu cara, a aquellos que te quieren y te mencionan constantemente. Es imposible borrarte de la mente por más que lo intento, pero me interesa saber tanto de ti, como a ti de mí.
Te pido que no te cruces en mi camino en este mes que estás de visita. Quizá -y sólo quizá- te espiaré el día en el que te dignes a despedirte. Lo tengo todo pensado: me esconderé entre los muchos que llorarán por la tragedia, y en el momento climático, esbozaré una sonrisa de celebración por 4 años en los que las noticias hablarán de todo, menos de ti, porque entonces serás historia, una historia vana en la que unos ganan y otros pierden.
Adiós, Mundial. Con esta carta me despido sincera y anticipadamente, sabiendo bien que no tienes nada para mí.
A.
Las Crayolas de Añita
¿rojo? ¿azul? ¿amarillo?
-
Abran la caja y elijan el color que más les guste. ¡Es hora de pintar!
colores para los oídos
qué dice que dijo:
-The Commodores-
I know it sounds funny but I just can't stand the pain
Girl, I'm leaving you tomorrow
Seems to me girl you know I've done all I can
You see I begged, stole and I borrowed ... yeah ooh
Ooh, that's why I'm easy
I'm easy like sunday morning
That's why I'm easy
I'm easy like sunday mooooooooorning
Why in the world would anybody put chains on me?
I've paid my dues to make it
Everybody wants me to be what they want me to be
And I'm not happy when I try to fake it, yeah
Ooh, that's why I'm easy
I'm easy like sunday morning
That's why I'm easy
I'm easy like sunday mooooooooorning
I wanna be high so high
I wanna be free to know the things I do are right
I wanna be free just me, oh baby uh
colores a elegir
- caleidoscopio (6)
- de color amarillo canario (12)
- de color azul terciopelo (10)
- de color rojo pasión (9)
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